9 de octubre de 2012

13 DE OCTUBRE: II ASAMBLEA ESTATAL DE CONSTITUYENTES

EL SABADO 13 DE OCTUBRE TIENES UNA CITA


Hace muy poco era una idea. Hoy esa idea se ha hecho gente , jóvenes, abue­los, niños , mujeres, tra­ba­jadores , pueblo.



Ya se escucha fuerte el grito de la calle que exige una nueva Con­sti­tu­ción.



La repre­sión no podrá detener una marea ciu­dadana que empieza a rugir y que pronto se abrirá paso incon­tenible.



Los pueb­los de España no quieren una Con­sti­tu­ción hecha por unos pocos.



Una Con­sti­tu­ción Democrática debe ser el resul­tado de un pro­ceso de creación social, es decir de un Pro­ceso Con­sti­tuyente Ciu­dadano.



Un PROCESO CONSTITUYENTE CIUDADANO, hecho desde abajo. Donde todos podamos par­tic­i­par y expre­sarnos, Donde deben emerger aque­l­los val­ores y prin­ci­p­ios que quer­e­mos para nues­tras vidas . Donde el pueblo desar­rolle su poder con­sti­tuyente y proyecte un futuro com­par­tido.



Un PROCESO CONSTITUYENTE CIUDADANO, hecho por todos y todas. Donde podemos acudir como iguales, , hecho de calle, de poder del pueblo, de paz, de sol­i­dari­dad, de cer­canía local, física y emo­cional, de orga­ni­zación hor­i­zon­tal, de escuchar a los demás, de viven­cia de una real­i­dad democrática.



Porque esta vez no dejare­mos que el futuro sea secuestrado por una elite posee­dora de priv­i­le­gios políti­cos y económi­cos lla­mamos a dar los sigu­ientes paso orga­nizán­donos en todo el Estado.



LA TAREA DE HOY ES ORGANIZAR EL PODER CONSTITUYENTE



TE ESPERAMOS EN LA II ASAMBLEA ESTATAL DE CONSTITUYENTES



MADRID SABADO 13 DE OCTUBRE



10 HORAS. LA TABACALERA



c/EMBAJADORES 53, LAVAPIÉS

El nacionalismo españolista



El nacionalismo españolista

Política Catalana, Política Española Añada comentariosArtículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 5 de octubre de 2012



Este artículo describe las características de la ideología dominante del establishment español basado en Madrid, que se opone al desarrollo de una España plurinacional, mediante su control del Estado español.

Durante los Juegos Olímpicos pudimos oír como la BBC presentaba con toda naturalidad a Gran Bretaña como un Estado de varias naciones, Inglaterra, Escocia, Irlanda del Norte y Gales, que tienen sus propios derechos claramente diferenciados. Sería impensable, sin embargo, que la televisión pública española diera un informe semejante sobre España. Y sería también impensable que el establishment español, basado en Madrid, admitiera que España es un Estado de varias naciones, cada una con su pleno derecho de autodeterminación, incluyendo su poder de escisión, si así lo desean, como ocurre en Gran Bretaña con Escocia o en Canadá con Quebec. Lo máximo que se llega a admitir es que España ya es, en realidad, un Estado federal, pues el gasto de las autonomías es mayor que el gasto gestionado por algunos Estados en un sistema federal.





Este argumento se repite una y otra vez sin haber variado ni un ápice desde hace ya años. Y desde luego, tales establishments tampoco reconocen que ellos mismos son profundamente nacionalistas, lo cual es fácil de ver que lo son, pues defienden una visión de España que niega la plurinacionalidad del Estado, sometiendo todas las otras nacionalidades al Estado español, a su cultura, idioma y comportamientos. En esta resistencia a la plurinacionalidad no ven ninguna expresión de dominio. El hecho de que los parlamentarios catalanes no puedan expresarse en catalán no lo ven como una imposición de dominio cultural. Cualquier defensa de tal plurinacionalidad es acusada de victimismo, de secesionismo, de falta de internacionalismo o peor, para una persona de izquierdas, de falta de solidaridad con el resto de España, asumiendo que tener un Estado central es la condición necesaria para distribuir la riqueza. Tal nacionalismo españolista se justifica así como garante de solidaridad, confundiendo solidaridad con uniformidad. Por lo demás, las demandas por parte de la gran mayoría de partidos políticos en Catalunya, excepto el PP catalán, son definidas como el resultado de los deseos de la burguesía catalana de expandir sus privilegios de clase a costa del resto de España. Esta interpretación de los hechos está enormemente generalizada y ha creado un sentimiento hostil hacia Catalunya que la derecha española ha rentabilizado electoralmente, estimulando tal sentimiento. Estos sentimientos aparecen también en sectores del nacionalismo españolista dentro de las izquierdas, de las que he llegado a oír que el entonces presidente Montilla o la dirigente socialista Manuela de Madre, “estaban contaminados de nacionalismo”.





Y el establishment españolista, basado en Madrid, considera un disparate indicar que tal establishment esté explotando a Catalunya o a cualquier otra comunidad. El hecho de que el sistema de transporte ferroviario sea enormemente radial, centrado en su gran parte en Madrid, se considera lógico y razonable, debido a la capitalidad de tal ciudad. Y el hecho de que se pueda ir de Barcelona a Madrid en dos horas y media, y que conlleve más de seis horas ir de Barcelona a Bilbao (que tiene la misma distancia), no se reconoce como indicador de algo que es profundamente injusto.





Es esta actitud y estos argumentos que han llevado a gran parte de Catalunya a un hartazgo y al deseo de separarse de España. Tengo muchísimos amigos aquí en Catalunya que nunca pensaron en separarse de España, y ahora lo están pensando y deseando.





Veamos.





1. Un socialista tiene que estar en contra de cualquier tipo de explotación, sea ésta de clase, género, raza o nación. Y dentro de España hay explotación de todo tipo, incluso de nación. Ya sé que esto nunca (repito, nunca) un intelectual del establishment madrileño, desde Fernando Savater al político José Bono y muchos otros lo aceptará. Pero, mientras, repito, pueden ir de Madrid a Barcelona en dos horas, pero para ir de Barcelona a Bilbao se necesitan seis horas y cuarto. ¿Nunca han oído el dicho del presidente Aznar de que el modelo ferroviario de España debería basarse en que cualquier capital de provincia no estuviera más distante de Madrid que 4 horas?





2. Las personas que pagan impuestos no viven en el vacío. Viven en territorios que necesitan servicios públicos e infraestructuras. Esta frase que continuamente se utiliza de que no son territorios pero individuos los que pagan impuestos, ignora que los individuos viven en territorios cuyos recursos públicos se financian por aportaciones individuales.





3. De ahí que sea lógico que desde Catalunya se hable de que ésta, al ser más rica, aporte más recursos, lo cual ninguna fuerza catalana ha cuestionado. La continua acusación que se hace a Catalunya de ser insolidaria es otro insulto más entre otros muchos que constantemente se hacen a Catalunya. El cuestionamiento de solidaridad, por muy extraño que parezca, no es el tema que está llevando a miles de catalanes a la calle. Que Catalunya, al ser más rica que el promedio de España, aporte más al erario público del Estado español que otras partes de España, por tener ciudadanos con más recursos, no ha conllevado ninguna objeción por la gran mayoría de partidos políticos catalanes. Ahora bien, los recursos que el Estado catalán recoge, debe revertirlos en Catalunya, donde tales ciudadanos viven, una vez se descuenta el pago de gastos comunes y la solidaridad con otras partes de España. Y en esta devolución a Catalunya tiene que incorporarse una variable más, el coste de vida, pues un pensionista catalán recibiendo la misma pensión que un extremeño, tiene menos capacidad adquisitiva, pues al ser el nivel de vida superior en Catalunya que en Extremadura, el pensionista catalán sale perjudicado. Y esto ocurre en muchas otras transferencias de gasto público. Recibir igual no es lo más equitativo. Además, una nación como Catalunya tiene la responsabilidad de garantizar la viabilidad y fortaleza de su lengua y de su cultura, lo cual requiere dinero y capacidad de decisión. Si Catalunya quiere permanecer como nación, debe considerar el catalán como la lengua prioritaria, sin que ello implique ninguna minusvaloración del idioma castellano, también patrimonio de Catalunya. Si ello no ocurriera, la propia fortaleza del castellano diluiría la cultura catalana hasta el punto de desaparecer (como ha ocurrido en Francia). ¿Es esto lo que desean los nacionalistas españoles? Me temo que algunos sí. Y que tal posibilidad exista, el nacionalismo españolista lo ignora.





4. El nacionalismo españolista es el más oprimente, pues es el que ha mandado y dominado el Estado español. Y actualmente está enrocado en la Constitución, que se considera erróneamente como reflejo de la voluntad de todos los españoles, sin tener en cuenta el momento y contexto en que se aprobó. Un gran desequilibrio de fuerzas explica la Transición inmodélica que creó una Constitución que reproduce este nacionalismo, hasta el punto que prohíbe por fuerza de las armas que Catalunya o el País Vasco pudieran escindirse de España si así lo desearan. Y a esto no le llaman los intelectuales en Madrid dominio y explotación. Por lo visto no se dan cuenta de que una unión es oprimente si no se hace voluntariamente.





5. El Estado de las autonomías no es un Estado federalista. Considerarlo como indicador a través del dato del porcentaje del gasto estatal total que se consume y se gestiona en una Comunidad Autónoma es un error metodológico notable, pues se confunde descentralización con autogobierno. Catalunya puede tener el 80% del gasto sanitario pero tiene una capacidad decisoria limitada en sanidad. Un tanto igual ocurre en educación. Como director de un programa académico en la UPF, tengo que pedir permiso a Madrid, al Ministerio de Educación, para cambiar una asignatura de mi programa. Imposible en EEUU, un Estado federal. Es inimaginable que yo tenga que llamar a Washington para pedir permiso para cambiar una asignatura de un programa académico en la The Johns Hopkins University en Baltimore, en el Estado de Maryland. En Barcelona, sin embargo, sí que tengo que hacerlo, llamando a la capital del Reino.





6. La Transición inmodélica, ocurrió en una situación excepcional, con gran dominio del proceso por parte de las fuerzas conservadoras que dominaban al Estado, estableciendo un Estado que es insatisfactorio para un número creciente de españoles. Su gran retraso social y su falta de plurinacionalidad son un indicador de ello. Y lo que está ocurriendo hoy en las calles de Barcelona (y también en Madrid) es un ejemplo muy claro. La animosidad de gran parte de la población catalana no es hacia España, sino hacia el establishment español y hacia el Estado, lo cual está ocurriendo a lo largo del territorio español. Se requiere un profundo cambio hacia el establecimiento de una España heredera de su pasado republicano con un Estado auténticamente democrático, social y plurinacional, en el que la democracia representativa sea auténticamente proporcional y auténticamente participativa en que las distintas naciones y regiones puedan desarrollar referéndums sobre lo que desean, con una Constitución en la que la unidad en el Estado sea voluntaria, libremente expresada, sin ninguna imposición, y en el que la solidaridad se ejerce, entre otros indicadores, por un pago contributivo según su riqueza, a un nivel que permita el continuo desarrollo de todas las naciones, incluyendo Catalunya, en que los órganos centrales estén distribuidos entre las distintas naciones sin que exista una capitalidad que centralice el poder del Estado. En EEUU, hay muchas agencias federales que están ubicadas en varios estados.





7. El hecho de que la derecha nacionalista catalana esté ahora intentando liderar el movimiento a favor de la autodeterminación no quiere decir que tal derecha sea la auténtica representante del movimiento. En realidad, en los momentos difíciles en Catalunya, como durante la dictadura, fueron las izquierdas las que, en una lucha heroica, defendieron más la identidad catalana, como incluso el presidente Pujol reconoció en su día. La burguesía catalana y la Iglesia catalana, incluyendo Montserrat, apoyaron el fascismo. Tampoco es cierto que todos los que estamos apoyando el derecho de autodeterminación estemos deseando la Secesión. Las encuestas muestran que la mayoría de los ciudadanos en Catalunya que ya están pidiendo el autogobierno no están pidiendo la Secesión. Lo que sí que hay es un deseo mayoritario de que el Estado español no es el que se desea, lo cual no quiere decir la rotura con España.





8. No hay duda de que el gobierno CiU está utilizando tal movimiento para desviar la atención popular de lo que en este momento debería ser central, es decir, el impacto en la población de sus políticas neoliberales, llevadas a cabo con apoyo del PP en el Parlament y en las Cortes, donde CiU apoya tales políticas. Pero confundir esta realidad con la creciente fuerza de tal movimiento, evaluándolo como una simple estrategia de CiU es un profundo error. Hoy hay un hartazgo hacia el establishment español, basado en Madrid, que el establishment político catalán está intentando utilizar. Pero también el establishment españolista basado en Madrid lo está utilizando para movilizar, una vez más, el anticatalanismo.





9. Muchos en Catalunya han abandonado este proyecto de luchar por otra España, pues creen que España nunca cambiará. Hoy son independentistas. Simpatizo con ellos. Pero no quiero abandonar el proyecto de construir otra España, muy distinta a la actual, que sea auténticamente democrática, justa y plurinacional. Pero no es nada fácil, incluso también bastante agotador. Las izquierdas españolas gobernantes a pesar de definirse como federalistas, han hecho muy poco para desarrollar el federalismo. Ha sido un indicador más de su excesivo conformismo.



Nacionalismos, derecho a decidir y democracia

Buscar una vía democrática de solución del conflicto




Nacionalismos, derecho a decidir y democracia

Jaime Pastor



Jueves 4 de octubre de 2012





Desde la multitudinaria manifestación de la Diada la reivindicación del derecho a la autodeterminación y a la independencia ha pasado al centro de la agenda política en Catalunya y en el Estado español. No pretendo en este artículo analizar en profundidad los factores que ayudan a entender el rápido ascenso de la opción independentista, pero es evidente que en ello influyó notablemente el rechazo de la reforma estatutaria por el Tribunal Constitucional en julio de 2010, ya que se confirmaba así que las puertas de la Carta Magna estaban cerradas incluso para una apuesta que, aunque enmendada en aspectos importantes, contaba con el visto bueno del parlamento español. No es casual que desde entonces se haya ido extendiendo un movimiento municipalista y ciudadano en Catalunya, promotor de consultas populares con eco creciente, que ha culminado en el éxito alcanzado durante la jornada del 11 de septiembre.



Luego, el estallido de la crisis sistémica ha podido ayudar también a fomentar cierto sentimiento de agravio comparativo con argumentos discutibles pero acompañado –no lo olvidemos- por el temor a una recentralización del Estado, cada vez más visible en el proyecto del PP y ratificada recientemente por la beligerante intervención de la Corona. Ante este panorama, corroborado por las encuestas, no reconocer que nos encontramos ante un nuevo escenario en el que la vía “autonomista” ha fracasado y lo coherente desde un punto de vista democrático es respetar la libre decisión que quiera tomar el pueblo catalán sobre su futuro sería estar ciegos ante el más que probable “choque de trenes”.



Consciente de que ese independentismo ciudadano se produce en el contexto de una crisis de régimen y de la eurozona y buscando a la vez desviar la atención del desgaste que está sufriendo con sus recortes sociales, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha optado por ponerse a la cabeza de ese movimiento y convocar unas elecciones anticipadas con el fin de convertirlas en plebiscitarias. Desde fuera de Catalunya podemos criticar el oportunismo de Mas y su innegable propósito de dejar al margen de la agenda los efectos de sus políticas neoliberales en nombre de un proyecto independentista que pretende aparecer a la vez como solución mágica a la crisis económica y social. Pero no por ello podemos dejar de poner en primer plano la denuncia de un nacionalismo español que, tanto en sus versiones más beligerantes -las del “TDP party”, la UPyD y el PP, con Vidal-Quadras pidiendo la intervención militar- como en las de un PSOE que de pronto ha redescubierto el federalismo “a la alemana” –o sea, uninacional-, sigue rechazando la necesidad de reconocer en condiciones de igualdad la realidad plurinacional existente dentro del Estado español.



No cabe pues más camino que el de buscar una vía democrática de solución del conflicto abierto, con mayor razón cuando probablemente puede volver a plantearse también en el caso vasco. Los “padres de la Constitución” de 1978 –en primer lugar, el rey y la jerarquía militar- quisieron tener “atada y bien atada” la “unidad e indivisibilidad de la Nación española”, pero 34 años después su fracaso es incontestable. Ni el Estado autonómico, ni la integración en la UE –con las constantes cesiones de soberanía hacia arriba que ha supuesto- han logrado ofrecer un reconocimiento y un “acomodo” suficientes de Catalunya dentro del Estado español. A lo máximo que se ha llegado desde “Madrid” ha sido a hablar de España como “Nación de naciones” (la primera con mayúscula y la segunda con minúsculas), pero ni siquiera eso es aceptable para un PP que sigue mostrando su nostalgia de la época colonial con conflictos como el que recientemente se produjo con el islote Tierra, o su persistente obsesión por vender una “marca España” al servicio de las multinacionales.



Responder a este reto con el argumento de que en la Constitución no cabe el derecho a la autodeterminación y de que en caso de referéndum tendría que votar el conjunto de la ciudadanía del Estado, además de antidemocrático, significaría generar una dinámica de confrontación que facilitaría un mayor sentimiento independentista en Catalunya. Una vez más, hay que decir que la responsabilidad principal en el escenario que se ha creado se encuentra en los “separadores” españoles. Ese fundamentalismo constitucional se ve hoy todavía más debilitado si tenemos en cuenta que la Carta Magna que defienden con tanta pasión se ve diariamente violada en su apartado dedicado a los derechos sociales, sobre todo tras la reforma que a toda prisa se hizo en pleno verano de 2011 en su artículo 135 para imponer la “regla de oro” del déficit y del pago de una deuda ilegítima. No cabe pues extrañarse de que lo que fue ya resultado de una “transacción asimétrica” sea cada vez más cuestionado en las calles y estemos entrando ya en una crisis abierta de régimen.



Por eso, en lo que se refiere a la cuestión que nos atañe no vendría mal recordar lo que declaraba el Tribunal Supremo de Canadá en 1998: “La Constitución no es una camisa de fuerza (…). Aunque es cierto que algunas tentativas de reforma de la Constitución han fracasado en el transcurso de los últimos años, un voto claro de la mayoría de quebequeses sobre una pregunta clara, conferiría al proyecto de secesión una legitimidad democrática que el resto de participantes en la Confederación tendrían la obligación de reconocer”.



4/10/2012



http://blogs.publico.es/dominiopubl...



Jaime Pastor es Profesor de Ciencia Política en la UNED y autor de “Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda”, Los libros de Viento Sur-La oveja roja, 2012