5 de marzo de 2009

Miles de suecos rechazan en Internet la financiación pública de la boda real




El más numeroso de todos, "Niégate a pagar la boda de Victoria", ha pasado en apenas cinco días de 5.000 a casi 28.000 miembros, informa hoy el tabloide sueco "Expressen".

"Creo que todas las personas valen lo mismo, también la realeza. Por eso deben pagarse su propia boda, como cualquier otro Svensson", declara en el diario Fredrik Nordqvist, creador de este grupo.

Similares adhesiones ha experimentado también el segundo grupo más popular, bautizado "No quiero pagar la boda de Victoria", que cuenta ya con casi 3.000 seguidores.

La oposición a una posible partida extraordinaria del Estado a la Casa Real para financiar la boda también ha encontrado eco en el Parlamento sueco.

No obstante hasta el momento sólo el republicano Partido de la Izquierda, sexta fuerza política con 22 de los 349 escaños totales, se ha mostrado públicamente en contra de esta posibilidad.

Su líder, Lars Ohly, ha afirmado que la asignación anual de 112 millones de coronas suecas (casi 10 millones de euros) que recibe el rey Carlos XVI Gustavo, sin contar su fortuna personal, debería ser suficiente para afrontar los gastos del enlace, que "Expressen" estima en unos 25 millones de coronas suecas (2 millones de euros).

La Casa Real sueca hizo público el pasado día 24 el compromiso oficial entre Victoria y Daniel, que contraerán matrimonio en verano de 2010 después de casi una década de noviazgo.

Los requetés. Tradición sanguinaria



Acusados de cometer atrocidades durante la guerra civil, los requetés siguen siendo emblemáticos de la ultraderecha internacional.


Edgar González Ruiz

Milicias al servicio de los proyectos carlistas, los requetés combatieron contra la República española en la guerra civil, al terminar esta Franco dijo de ellos que "aportaron al Movimiento, junto a su espíritu guerrero, el Sagrado depósito de la Tradición Española, tenazmente conservada a través del tiempo, con su espiritualidad Católica, que fue elemento formativo principal de nuestra nacionalidad, y en cuyos principios eternos de moralidad y justicia ha de seguir inspirándose".

La ordenanza del requeté, vigente en la guerra de 1936 a 39, lo define como "soldado de la Fe y de la Santa Causa Tradicional", que obedece al triple lema de "Dios, Patria, Rey" y se refiere a España como "Albergue de Santidad" y "Defensora de la Iglesia Católica".

A pesar de de que hoy algunos carlistas suelen alardear de que ese sector era antifascista y antifalangista a ultranza, y ciertamente llegaron a verse afectados por los insaciables afanes dictatoriales de Franco, su deslinde es muy hipócrita, pues juntos combatieron y cometieron atrocidades increíbles.

Por si fuera poco, se sabe que ya desde antes de la guerra los carlistas habían entrado en tratos con Mussolini, estableciendo con él un acuerdo por el cual "el Duce se comprometía a sostener su movimiento para el derrocamiento de la República con armas y dinero. Entre 1934 y 1936, numerosos jóvenes de la organización militar carlista de los requetés recibieron en Italia instrucción militar. Se acumularon depósitos de armas en Navarra gracias al dinero italiano" (La revolución y la guerra de España, en www.mas.org.ar/formacion/la%20revolucion%20y%20la%20guerra%20en%20espania/1.htm)

El decreto de Unificación, del 20 de abril de 1937, congregó a requetés y falangistas en una misma organización bajo la jefatura de Franco y convirtió a sus respectivas milicias en un cuerpo auxiliar del ejército.

En las últimas décadas, falangistas y herederos de los requetés no necesitaron de un decreto para colaborar con la ultraderechista Fuerza Nueva, de Blas Piñar y hoy sus afinidades ideológicas los llevan a participar en marchas y protestas en defensa de la moral conservadora.

Los requetés han sido elogiados por organizaciones internacionales de la extrema derecha como Tradición, Familia y Propiedad, que en la revista Catolicismo (n.° 203, noviembre de 1967) los incluía, junto con los rusos blancos, los cristeros mexicanos y los rebeldes húngaros de 1956, entre los combatientes anticomunistas a ultranza.

Pero han cobrado celebridad ante todo por los crímenes que cometieron durante la guerra civil española. "Lo que hicieron los requetés en más de un caso", afirma Juan de Iturralde en su libro El catolicismo y la cruzada de Franco, "es espantoso. Es difícil que nadie les lleve la palma en esto de hacer sufrir al prójimo con variedad de modos" .

Unas "notas informativas sobre la batalla de Teruel" (Rogelio Martínez a José Bergamín, Lérida 7 de febrero de 1938), hablan de que el obispo de la zona protestó "ante las autoridades de los trece fusilamientos de la Plaza del Torico, entre los que se encontraban una joven de 20 años y el director de la Escuela Normal. También protestó del baile subsiguiente. Asimismo, mereció su más enérgica desaprobación el desfile que por el centro de la ciudad de Teruel hizo la Bandera del Tercio que mandaba el comandante Peñarredonda en el mes de julio del 37, la cual llevaba enarbolados en la punta de sus bayonetas, piernas, brazos, orejas, testículos y otros restos de un centenar de rojos hechos prisioneros en Bezas y que previamente dejados en pelota fueron fusilados con ametralladora en la plaza del pueblo..."

Los testimonios anteriores, recuperados de mensajes enviados por españoles a parientes suyos radicados en México, coinciden asombrosamente con los incluidos en relatos publicados en aquella época, como es El Requeté, de Lucien Maulvault (Centauro, Buenos Aires, 1937), que en forma novelada relata las experiencias de un soldados de esos cuerpos carlistas.

Leemos (pp 32-3) que luego de la toma de un poblado que estaba en manos republicanas "Nuestros oficiales nos obligaron a desfilar ante cuerpos decapitados, piernas segadas, cráneos transformados en completos agujeros, mujeres mutiladas, apelotonadas como muñecas de trapo que habían ya derramado su última gota de sangre. Sentí náuseas. Mas comprendimos que toda esta matanza inmediata a la toma, no era sino una represión metódica, ciega acaso; pero necesaria por la atrocidad de los crímenes de nuestros enemigos".

En su novela Concierto al atardecer, el poeta aragonés Idelfonso Manuel Gil relató los fusilamientos de la Plaza del Torico de Teruel. Gil estaba preso en el antiguo Seminario y conoció de primera mano los hechos en que, según testimonios, participaron no sólo los requetés, sino conocidos falangistas locales.

El historiador Manuel Martorell ha criticado una versión anterior del presente trabajo, ("Requetés y atrocidades del franquismo" Kaosenlared). Retomo algunas puntualizaciones que hace sobre el desfile de Peñarredonda (en su artículo titulado "Edgar González, requetés y represión" ,difundido en la página Web Rebelión) a los que se refiere como "un espeluzante y macabro suceso protagonizado, como él dice claramente, por "la Bandera del Tercio" mandada por el comandante Peñarredonda".

Añade: "Edgar González confunde fatalmente los términos de "tercios de requetés" y "tercios de la Legión", compuestos estos últimos exactamente por "banderas", como la citada, mientras que los otros, los carlistas, estaban formados por "compañías". Ni consta en los "tercios de requetés" un comandante apellidado Peñarredonda ni tampoco actividad bélica de estas unidades carlistas en la localidad a la que se refiere Edgar: el pueblo de Bezas".

"Sí hay, por el contrario, no uno sino dos Peñarredonda asociados con "tercios", pero no con "tercios" de requetés sino de la Legión. El primero aparece al mando del tristemente famoso Tercio Sanjurjo, al que se alistaron decenas de republicanos navarros para salvar la vida pero que después serían asesinados. El segundo, José Peñarredonda Fernández, estuvo al mando de la IX Bandera del Tercer Tercio de la Legión. Ninguno de los dos tiene que ver ni con los requetés ni con el carlismo".

En suma, si se aceptan todas esas aclaraciones y datos por demás interesantes, resulta que en el muy particular caso del desfile mencionado los asesinos vendrían a ser legionarios y no requetés, pero fueron perpetrados por el bando franquista.

El propio Martorell reconoce sin entrar en detalles la participación de los requetés en actos de represión, a la vez que lanza la tesis de que forzosamente su responsabilidad fue menor que la de otros sectores del bando nacionalista: "Los requetés participaron en la represión, sobre todo en Navarra, La Rioja y Alava, pero en un grado menor que el resto de las fuerzas del "bando nacional" y, por lo general, no tuvo el carácter brutalmente sanguinario que el artículo "Requetés y atrocidades del franquismo" le atribuye en base al error de bulto que comete". Aquí, el historiador y periodista Mario Martorell, sin duda un lector serio y cuidadoso, incurre en un sofisma, pues aún si aceptamos que en el caso que cita los asesinos no fueron requetés sino legionarios, de aquí no se puede concluir el hecho general de que su participación no tuvo (nunca) ese carácter brutal y sanguinario, que se menciona en otros testimonios y opiniones que Martorell omite en su comentario, dando a entender que el único dato disponible es ese.

Prosigue: "No se trata aquí de exculpar, y mucho menos de negar la participación carlista en la represión sino de poner sobre la mesa el peligro que supone, sea en un bando o en otro, meter en el mismo saco a todo el mundo. Hoy, teniendo en cuenta la gran cantidad de testimonios que se conocen, no se puede colocar la responsabilidad del requeté, por ejemplo, al mismo nivel que la de la Falange, la Guardia Civil o el Ejército".

Resulta un tanto extraño decir que no se puede meter en el mismo "saco" a quienes luchaban en el mismo bando en una guerra, y fue Franco quien legalizó la unión de falangistas y requetés, como se cita al principio de este trabajo. Son muchos los alegatos de exrequetés o de sus partidarios que a estas alturas y cuando les conviene pretenden deslindarse del bando franquista, alegando que hasta hubo persecuciones contra ellos durante el franquismo, pero el hecho es que en la guerra lucharon en el bando capitaneado por Franco y que a la fecha, en muchos de sus materiales propagandísticos, sus herederos se siguen jactando del papel que desempeñaron en la guerra y siguen colaborando con empresas reaccionarias.

Hugh Thomas, en su Historia de la Guerra Civil Española (Círculo de Lectores, 1976, Vol. 1, p. 289) señala: "Con los años, se han dado a conocer historias horribles. Un maestro de Huesca fue golpeado casi hasta morir por unos falangistas que querían hacerle confesar que conocía los «complots revolucionarios»; para suicidarse, se cortó una vena con sus propios dientes. En Navarra y Álava, los nacionalistas vascos eran fusilados sin permitírseles confesarse. Al parecer, unos requetés dijeron a un hombre que extendiera los brazos en forma de cruz y gritara «¡Viva Cristo Rey!», mientras le amputaban dichos miembros- Su mujer, obligada a presenciar la escena, se volvió loca cuando al final lo mataron a bayonetazos. Unos sacerdotes que trataron de intervenir también fueron asesinados. Tanto si estas atrocidades concretas ocurrieron tal como se ha dicho como si no, no cabe duda de que en la España nacionalista se produjeron muchos hechos similares".

Frutos de una peculiar religiosidad eran los hechos de guerra de los requetés, que celebraban "la misa diaria de campaña, en el altar portátil…pocas veces faltaba aun entre los combates más duros de la Campaña. Jefes, Oficiales, Suboficiales y requetés ofrecían el frecuentísimo espectáculo de sus comuniones, especialmente en vísperas de operación" y aún hoy sus descendientes se jactan de que "se decía en las filas enemigas, que no había requeté más peligroso que el requeté comulgado…", además de que usaban un talismán que pretendía detener las balas con la exhortación "detente, el sagrado corazón está conmigo" .

En Peñas de Aia, en el país Vasco, los requetés fusilaron a varios combatientes del bando republicano: carabineros, pescadores gallegos y algunos ferroviarios de Madrid que se quedaron incomunicados en Irún cuando se inició la sublevación militar".

El capellán carlista Policarpo Cía aportó su versión de los hechos: "Los defensores eran 18. Carabineros, trabajadores del ferrocarril y unos jóvenes de Irún, ayudados por dos mujeres que no tendrían 20 años. Todos ellos recibieron la pena de muerte porque confesaron que con sus tiros obstaculizaban el avance de nuestras tropas. Algunos pedían perdón mientras los requetés saboreaban las mieles de la victoria. Yo les di a los 18 la noticia de la pena de muerte".

El escritor Pío Baroja publicó un relato del momento en que, debido a sus ideas, estuvo a punto de ser fusilado por los requetés en el pueblo de Santesteban: "…El pueblo tiene un camino que pasa por un puente para unirse a la carretera. En esa encrucijada se aglomeraban los requetés y el público. Entonces el hombre alto que me había amenazado con una pistola se acercó a nuestro coche, y dijo, señalándome y mostrándome a los requetés:

-Este es el viejo miserable que ha insultado en sus libros a la religión y al tradicionalismo.

Yo nada contesté. "-Hay que matarlo" –dijeron los requetés-. Me chocó la cobardía del público, pues nadie hizo la menor objeción. Un fotógrafo pretendió hacer una fotografía, pero alguien dio un manotazo a la máquina, que cayó al suelo. Algunos de los requetés y de los soldados venían a mirarme a la cara, como a una fiera. Después de media hora, un jefe dijo que teníamos que ir a Vera, y en ese momento un puñó entró violentamente y me rozó la cara. Aquí pensé que alguno iba a agarrarme del brazo, sacarme exhausto y dejarme aplastado en la carretera…".

Los requetés y la falange hicieron su entrada en el poblado de Pradejón, en La Rioja, el 21 de julio de 1936, acompañados hasta de "…curas y frailes disfrazados con el fusil en bandolera… Se leyó el bando del general Mola por el que se declaraba el Estado de Guerra, se sustituyó la Corporación republicana por una nueva, y se practicaron las primeras detenciones. Los detenidos por la milicia rebelde, con la que colaboraron en los apresamientos algunos vecinos del pueblo, quedaron recluidos en el Ayuntamiento. A los pocos días empezaron los fusilamientos" (Jesús Ruiz Pérez. "La Guerra Civil", en José Luis Gómez Urdanez (Dir.), Pradejón histórico, Logroño, Ayuntamiento de Pradejón y Universidad de La Rioja, 2004, pp. 152-167.

"Desde aquel mismo día [21 de julio] por la noche, ya comenzaron los rebeldes ayudados por los derechistas a infligir duros castigos a los ciudadanos que sospechaban eran de izquierdas, procediendo a la detención de éstos y conduciéndoles a la Casa Consistorial, donde eran sometidos a exhibición, y una vez obtenido el voto de los asistentes a este acto criminoso, tanto si era en pro como en contra eran fusilados".

Entre ellos se contaría el del pastor evangélico Simón Vicente Vicente, que tuvo el objetivo de "disgregar la comunidad protestante", y como motivación "el decidido apoyo prestado por el pastor al Estado laico puesto en marcha por la Segunda República". Más aún, en julio de 1936, los milicianos que ayudaban a las tropas sublevadas asaltaron la Iglesia y Escuela evangélicas, situadas en la calle mayor, y posteriormente se incautaron de sus locales, utilizados, tras algunas reformas, como cuartel para las milicias de Falange y Requeté, acto que ocasionó un incidente diplomático, ya que los inmuebles eran propiedad de la Spanish American Company, con sede en Estados Unidos, y el cónsul estadounidense en Vigo, George M. Graves, los reclamó ante las autoridades franquistas.

El 26 de noviembre de 2004, en Badajoz, durante un simposio sobre la Guerra Civil, se hizo notar que entre los pocos religiosos que condenaron los excesos del bando nacionalista se contó Marcelino Olaechea, obispo de Pamplona, quien desde el púlpito denunció la práctica de los requetés, «de matar unos rojillos cada vez que enterraban a uno de los suyos».

En Badajoz, donde los moros al mando del franquista Yagüe cometieron crueles masacres de gente humilde, el ejército franquista llevaba en la retaguardia a falangistas y requetés que posteriormente harían el papel de una policía política en el territorio dominado, donde "Los moros, sueltos como perros rabiosos y armados hasta los dientes, cayeron sobre la ciudad martirizada y asesinaron alevosamente a todo aquel que se aventuraba a salir a la calle. Cayó mucha gente inocente, mujeres indefensas, hombres que no habían combatido, niños y ancianos. Hubo quien murió acuchillado simplemente por llevar un reloj o una cadena de oro que despertaba la codicia de los mercenarios moros al servicio del fascismo español."

"Algunos oficiales alemanes, al servicio del general Franco, se dieron el gusto de fotografiar cadáveres castrados por los moros, y fue tal la sacudida de espanto que produjeron los cadáveres castrados, que el general Franco se vio en la obligación de mandar a Yagüe que cesaran las castraciones y los ritos sexuales con el enemigo muerto" (Rafael Tenorio "Las matanzas de Badajoz" Tiempo de Historia nº 56 julio 1979).

Sin embargo, el historiador Francisco Sánchez Ruano, en su obra Islam y guerra civil española (La Esfera, Madrid, 2004), una investigación con documentos y testimonios de ex combatientes, trata de cuestionar algunas de las atrocidades atribuidas a los musulmanes afirmando que en Cataluña, por ejemplo, fueron en realidad perpetradas por requetés, como la violación y asesinato de una mujer de Manresa "atribuido a los moros cuando fue obra de los requetés". "Su sobrina me dio las pruebas como la de que encontraran en el cadáver un diente de oro, cuando los moros arrancaban todo el oro que veían donde fuera".

Allo, pequeña población que era importante enclave anarquista en la Navarra de los años 30, sufrió durante la guerra civil una feroz represión por parte de los franquistas, que incluyó quema de libros, aprehensiones y fusilamientos de izquierdistas, para lo que se contó con el apoyó de requetés de otras poblaciones.

"Blasa Roncal fue una de las primeras personas capturadas; era anarquista y se enfrentó valientemente a sus asesinos. Una partida formada por dos guardias civiles y dos requetés la mató cerca de Lerín, intentando antes abusar de ella" ("Allo, un sueño libertario" en Navarra 1936. De la Esperanza al terror", Altaffaylla. 2003).

Dice otro testimonio: "Estábamos de albañiles, los tres de izquierdas, en una casa de Allo. Ésta vino a traerme el almuerzo. Estábamos sentaus cuando llegaron dos guardias y dos requetés de Allo y Ángel Lainez estaba partiendo un melón, el primero que cogió de la huerta. Y les dice: "Si gustan ustedes". "No, tenemos orden de detenerlo a usted". ¡Allí, en medio el pueblo! Ya se cortó el almuerzo, la comida, la obra, todo. Al hombre ya lo habían detenido antes y lo habían soltau. ¡Y yo creía que entonces venían a por mí! Lo llevaron y lo mataron con mi hermano el día 5 de septiembre. La pobre mujer que haba ido con la cestica del almuerzo se revulcaba por el suelo cuando se lo llevaban. Entonces llegaba el hijo con el carro cargau de arena. Parece que los estoy viendo; pasear a ese hombre por toda la carretera, por tol pueblo, con esos dos de Allo y los dos guardias, y el Angel con los bombachos remangaus de hacer la masada cemento... Ya no volvimos a aquella obra".

En el libro Navarra 1936. De la Esperanza al Terror, lo mismo que en testimonios provenientes de la Asociación de Familiares Asesinados Navarros (AFAN), se comentan hechos como las delaciones que llevaban a cabo curas derechistas contra los "rojos" ante los matones falangistas o requetés y se incluye el testimonio de Francisco Inza sobre el asesinato en plena calle de Pamplona ante la vista de todo el mundo, de un hombre apodado "El Lozano" que por no escuchar el alto que le dan mientras está caminando, el pistolero requeté Jaime Del Burgo, le mató, pegándole un tiro.

Entrevistado en 1998, Jaime del Burgo Torres, quien fuera jefe del requeté de Pamplona, dio a conocer testimonios de que la policía franquista colaborada con la GESTAPO para la persecución de disidentes y alegó que él había criticado duramente el bombardeo de Guernika ante militares del bando nacionalista, desconociendo, como suelen hacer muchos derechistas, a sus excompañeros de armas, para no pagar el costo político de sus errores y crímenes. Empero, Del Burgo comandaba el Tercio de Begoña, una de las primeras unidades que entraron en la ciudad luego del bombardeo. Según Del Burgo Torres, la sublevación militar de Franco habría fracasado de no haber intervenido los Requetés.

Su hijo, Jaime Ignacio del Burgo, representante del PP en la comisión parlamentaria, ha sostenido que los atentados terroristas del 11 de mayo fueron una conspiración contra ese partido, fraguada por los gobiernos de Alemania y Francia

Pese a las discrepancias que hubo entre falangistas y requetés, y a que los carlistas han pretendido presentarse a veces como víctimas del franquismo, en los hechos prevaleció la colaboración con la dictadura, al grado de que José Luis Zamanillo, uno de los principales dirigentes carlistas y exdelegado nacional de Requetés, "fomentó todo lo que pudo -que fue mucho- la entrega del Carlismo a Franco", mientras que José María Codón, quiso fundar en Burgos en los años 60 el Tercio de Requetés Generalísimo Franco. "Había militares a la vez carlistas y franquistas, gentes de prestigio por haber mandado Tercios de Requetés".

Asimismo, "En los años 1955-1965 los carlistas celebraban actos conjuntos con los gobernadores, los jefes de Policía y la Falange. Incluso con asistencia de Infantas como María Teresa de Borbón Parma". A principios de los 60, "el Carlismo ofreció a los Gobernadores franquistas requetés para patrullar contra huelgas mineras, maniobras subversivas o movimientos obreros clandestinos". Frutos de una peculiar religiosidad eran los asesinatos, violaciones, incendios, mutilaciones y rapiñas de los requetés, que celebraban "la misa diaria de campaña, en el altar portátil…pocas veces faltaba aun entre los combates más duros de la Campaña. Jefes, Oficiales, Suboficiales y requetés ofrecían el frecuentísimo espectáculo de sus comuniones, especialmente en vísperas de operación" y aún hoy sus descendientes se jactan de que "se decía en las filas enemigas, que no había requeté más peligroso que el requeté comulgado…", además de que usaban un talismán que pretendía detener a las balas con un talismán que llevaba la exhortación "detente, el sagrado corazón está conmigo" (www.requetes.com/).

Los herederos del carlismo y de sus soldados, estuvieron presentes en la manifestación del 18 de junio de 2005 para oponerse al gobierno de Zapatero y defender la moral conservadora. De acuerdo con una crónica de ese evento, las pancartas que llevaban los carlistas pretendían enfatizar la naturaleza religiosa de sus reivindicaciones con lemas como: "Ley natural y cristiana", "No a la dictadura contra natura", "De la homo-unión no cabe regulación", "Contra la laicista imposición, cristiana movilización", "¡España, vuelve a tus raíces!", "Nada sin Dios" "Verge dels Desamparats. Ampara a la familia", "¡Viva España Católica!", etc. (www.ctcarlista.org)

Hoy muchos herederos de los requetés, como otros grupos del conservadurismo católico, se dicen defensores de la vida por oponerse al aborto, al que consideran un "asesinato", pero se vanaglorian de que en los requetés combatían niños soldados. Hoy en día, los sucesores de los requetés difunden en el ciberespacio (www.requetes.com/) historias acerca de los Pelayos, niños que tomaron las armas para matar a los "enemigos de la religión". Uno de ellos habla de un muchacho de apenas 13 años, quien murió de un balazo cuando cumplía una misión en el campo de batalla. Concluyen sus correligionarios: ¡A buen seguro que allá en el cielo, la Virgen de Covadonga, la "Santina" pequeña y galana, reina de aquellas montañas, le esperaba con los brazos abiertos para auparlo junto al niño divino".

Uno de los adolescentes que se incorporaron a los requetés en Cataluña fue Luis Manuel de Larramendi, de 15 años, hermano de Ignacio Hernando de Larramendi y Montiano (1921-2001), quien también se enroló con ellos, y con el tiempo sería empresario y principal organizador del grupo de seguros MAPFRE, con presencia en América Latina. Eran hijos del abogado carlista Luis Hernando de Larramendi (1882-1957), autor en 1910 del panfleto Cómo defendernos de las Escuelas laicas y de otros escritos similares. Ignacio siempre ha estado vinculado al Carlismo, y al retirarse de MAPFRE creó la fundación que lleva su nombre, con un patrimonio, según él mismo llegó a decir, de 800 millones de pesetas en 1999, así como otras instituciones para promover una visión católica conservadora de la historia e impulsó el resurgimiento de organizaciones como la Asociación de Estudiantes Tradicionalistas.

Desde los 70, MAPFRE comenzó su expansión en América Latina, con inversiones en Colombia, Venezuela, México y otros países de la región, donde espera alcanzar las 2 mil oficinas en el año 2007. En Brasil se ha interesado por la compañía Real Seguros y en México es dueña de Seguros Tepeyac. En 2004, MAPFRE tuvo operaciones por 10.831 millones de euros.

Entre los empresarios que formaron parte de los requetés se contó Isidoro Delclaux Aróstegui, con negocios en la industria del vidrio, y miembro de la Cámara de Comercio de Bilbao. Fue capitán de requetés y luego de la guerra sus servicios serían premiados con altos cargos en esa ciudad.

El empresario sevillano falangista Joaquín Bengumea Burín perdió a su también falangista hijo José Ignacio, en un refriega con los republicanos, mientras que su sobrino, Javier Bengumea Puigcerver se enroló como voluntario en los requetés "con los que participó en la consuita de numerosos pueblos de Sevilla, Córdoba, Granada, Jaén, Málaga y Badajoz" (Eugenio Torres Villanueva. "Los empresarios durante la guerra civil" VIII Congreso de la Asociación Española de Historia Económica, Santiago de Compostela, septiembre de 2005).

En 1941, Bengumea Puigcerver fundó la empresa Abengoa, dedicada a la producción de energía eléctrica y alimentos animales, y al tratamiento de desechos. En 2005, esta empresa tuvo ventas por más de 2 mil millones de euros, pero sus operaciones han sido fuertemente cuestionadas en algunos paìses. Por ejemplo, en México, se le ha acusado de vender tecnología chatarra a la Comisión Federal de Electricidad, usando para ello una publicidad engañosa. (Energía, Número 39, 30 de junio de 2003).

Las Margaritas se les llamaba a las militantes del carlismo, que apoyaban a los requetés, a la vez que difundían "un modelo femenino en contraposición al de las sociedades liberales, republicana e izquierdista…", es decir "Fiel Guardiana de las Tradiciones Familiares y Valedora de la Integridad Familiar". Una de las historias legendarias de los requetés es la de una de esas mujeres, que fue fusilada junto con algunos de ellos y enterrada con ellos en la misma fosa. "Aseguran que el enemigo le ofreció la vida a cambio de sus servicios como enfermera, pero ella rechazó la oferta diciendo. "No me separo de mis requetés. No quiero nada con los enemigos de Dios y de mi Patria".

Enemigos del progreso del sexo femenino, los jóvenes requetés eran azuzados por sus novias y correligionarias, a extremos que han sido pintorescamente descritos en El requeté, Lucien Vault, donde una de ellas escribe en la que invoca el espíritu de Felipe II al proclamar que es "…mejor reinar sobre cadáveres que sobre herejes", aprobaba las matanzas realizadas por los requetés y lamentaba no ser hombre para haber podido participar en ellas, pues "los vencidos debían desaparecer".